El histórico despegue de la misión lunar, previsto para el 1º de abril, depende de un complejo protocolo de seguridad que evalúa vientos, lluvia, rayos y temperatura para garantizar la integridad de la tripulación y el cohete.
La NASA planea lanzar la misión Artemis II el próximo 1º de abril desde el Centro Espacial Kennedy en Florida, con el objetivo de enviar a cuatro astronautas hacia la Luna. El éxito del despegue depende en gran medida de las condiciones climáticas, por lo que un equipo de meteorólogos supervisa una estricta lista de criterios que, de no cumplirse, podrían llevar a la cancelación del evento.
Según informó FOX Weather, la seguridad es la prioridad absoluta. El sistema de lanzamiento tiene prohibido despegar bajo la lluvia o a través de columnas de humo. «Para que la misión Artemis II despegue, la NASA no solo busca un cielo despejado; sigue criterios específicos para determinar si el lanzamiento es seguro», explicaron especialistas del medio.
El viento es uno de los factores clave bajo vigilancia. Las ráfagas máximas en el momento del despegue deben permanecer especialmente por debajo de un rango de entre 33 y 45 mph (53 a 72 km/h) en altitudes de hasta 457,5 pies (139,5 metros).
Las reglas sobre rayos representan el obstáculo más complejo para el equipo en la Space Coast. La misión permanecerá en tierra si se detectan relámpagos dentro de las 10 millas náuticas de la trayectoria de vuelo. El protocolo exige, además, una ventana de 30 minutos de calma total antes de intentar un reinicio.
Esta precaución se extiende a las nubes espesas (superiores a 4500 pies o 1371,6 metros) que alcancen temperaturas de congelación, ya que estas condiciones podrían desencadenar una descarga eléctrica sobre el cohete SLS durante su ascenso inicial.
La temperatura en la plataforma también es un factor crucial para los componentes sensibles. El mercurio debe mantenerse siempre por encima de los 41.4°F (5.2°C) y no puede superar los 94.5°F (34.7°C) durante más de 30 minutos.
«Se trata de navegar por una apertura más que precisa en la atmósfera», destacaron desde el centro de control, donde también vigilan la actividad solar severa que podría interferir con las comunicaciones por radio o los sistemas electrónicos de la cápsula Orion.
Mientras se sigue este estricto código meteorológico para evitar cualquier riesgo para la tripulación en su viaje de diez días hacia las cercanías de la Luna, la expectativa en Florida es alta. El análisis de los meteorólogos con radar en tiempo real para detectar restos de tormentas eléctricas o nubes perturbadas coincide con los últimos ajustes en la rampa de lanzamiento.
