La oferta culinaria de la ciudad patagónica evoluciona, integrando propuestas innovadoras que destacan productos locales y técnicas contemporáneas junto a los clásicos establecimientos.
La escena gastronómica de Bariloche, históricamente asociada a unos pocos restaurantes emblemáticos, ha dado paso en los últimos años a un ecosistema más diverso y dinámico. Nuevos cocineros, formados dentro y fuera de la Patagonia, junto a proyectos que priorizan el producto local, la estacionalidad y narrativas propias, conviven con los clásicos, redefiniendo la identidad culinaria de la ciudad.
Mecha: un nuevo espacio con impronta casera en la Península San Pedro
Con una amplia trayectoria que incluye experiencias en restaurantes internacionales, Mecha Solís inauguró recientemente su propio espacio, que también funciona como su hogar. Ubicado en una estructura vidriada de dos plantas, el lugar ofrece un ambiente descontracturado con vistas al bosque. La propuesta, de carácter familiar, se centra en una carta que respeta la estacionalidad y experimenta con productos locales, renovándose constantemente. Solís expresa su satisfacción por la recepción del público local y proyecta realizar eventos y clases de cocina.
Ānima: siete años consolidándose como referente local
Emanuel Yáñez y Florencia Lafalla, tras formarse en España, abrieron su restaurante en Bariloche en 2018, encontrando en el entorno montañoso una similitud con el Prepirineo catalán. Con una capacidad para unos 20 comensales, han desarrollado un vínculo cercano con productores locales. Su enfoque, que ellos mismos definen alejado del ‘fine dining’, se basa en la sencillez y la calidad de los ingredientes, logrando reconocimientos como el Prix Baron B en 2023 por un plato de trucha y pera.
Estos ejemplos ilustran una transformación en la oferta gastronómica barilochense, que hoy integra técnicas innovadoras y una fuerte identidad territorial, ampliando el horizonte más allá de las especialidades tradicionales.
