Peronismo villarruelista

Mientras el mundo tambalea, el peronismo balcanizado intenta reconstruirse de las cenizas de su propia guerra. La última novedad al respecto es el contradictorio ensayo de Miguel Pichetto y Guillermo Moreno para aunar fuerzas contra Axel Kicillof.

“El peronismo tiene que perdonarse. Dejar de hablar del pasado, de los errores que hemos cometido. Empezar a mirar el presente y el futuro y la necesidad de construir una propuesta junto al centro nacional para ganar las elecciones”, propuso días atrás Pichetto en un acto junto al ex secretario de Comercio.

Bajo ese paraguas “pacificador”, el actual diputado que ingresó a la cámara en la boleta de JxC blanqueó que había ido a visitar a Cristina Fernández de Kirchner a su domicilio, donde cumple detención por la condena en la causa Vialidad.

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Aunque Pichetto evitó decirlo, en realidad el encuentro fue la consecuencia de varios contactos que había mantenido con CFK en tiempos recientes, tras varios años de nula relación.Para la gente con escasa memoria, el visitante había sido el eficaz jefe del bloque peronista en el Senado durante el kirchnerismo y de ahí pasó a acompañar a Mauricio Macri como candidato a vice en su frustrada pretensión reeleccionista.

Distanciado del macrismo y sus derivados, Pichetto integra hoy el variopinto bloque de Encuentro Federal, que vendría a representar al inestable espacio de Provincias Unidas que lideran los gobernadores Martín Llaryora (del peronismo cordobesista) y Maximiliano Pullaro (del radicalismo frentista santafesino).
Acaso cansado de darle gobernabilidad a Javier Milei, o como guiño a sus nuevos objetivos, Pichetto decidió rechazar la reforma laboral que gran parte de su bancada apoyó.

No está solo en el plan de unificar al “peronismo razonable” (como lo llama un veterano columnista de otro diario), amén del inefable Moreno, con problemas en la justicia y más impacto comunicacional que electoral. A ese tren también se ha subido el presidente de la AGN y ex mano derecha de Alberto Fernández, Juan Manuel Olmos, quien en una reciente aparición televisiva siempre cordial clamó por el armado de un programa económico peronista con orden fiscal. Más vale tarde que nunca.

En la idea anida el propósito de que Kicillof no quede como el candidato natural del peronismo para la presidencial del año próximo. En eso, al parecer, hay coincidencia con Cristina, que sigue batallando con La Cámpora ante el gobernador bonaerense.

Lo que tal vez se ha evitado transmitirle a la condenada expresidenta es la fantasía que emerge de algunas mentes de este nuevo/viejo espacio experimental panperonista: sumar a Victoria Villarruel.

Como ya se contó aquí (El Golpe de Victoria Villarruel), la vicepresidenta ha multiplicado sus diferencias con el Gobierno, asumió que está fuera del mileísmo y arma su propio proyecto político. Uno de los tantos puentes tendidos de Villarruel es con sectores conservadores del PJ. De centro, como diría Pichetto. O de derecha, como los califican en el kirchnerismo.

Como señal, en el mismo acto donde habló Pichetto, Moreno sostuvo que “ahora viene la etapa más fácil, que es elegir un candidato. Solo nos falta que nos pongamos de acuerdo en elegir el hombre o la mujer que sea capaz de entender que es un proyecto colectivo”.

¿Quién se animará a avisarle a CFK que la mujer en la que están pensando es Villarruel? Marzo no sería el momento ideal para hacerlo: en unos días se cumple el 50 aniversario del último y sangriento golpe de Estado. Y la postura de la vice… ¿Tendrá alguna sorpresa bajo la manga?

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