En la frontera sur de México, migrantes y activistas recrearon la Pasión de Cristo para denunciar las dificultades extremas del éxodo y las políticas de deportación.
El Vía Crucis Migrante es una expresión que combina fe, denuncia y visibilización del fenómeno migratorio. Lo que comenzó como una tradición espiritual hoy también funciona como una forma de protesta y reclamo por derechos básicos. Según informó la agencia EFE, el pasado lunes en Tapachula, Chiapas, migrantes deportados desde Estados Unidos, junto a activistas y representantes religiosos, llevaron adelante una nueva edición de esta manifestación.
Durante la jornada, los participantes recrearon la Pasión de Cristo para evidenciar las dificultades extremas que enfrentan quienes se ven obligados a migrar. Los manifestantes expresaron su rechazo a las políticas migratorias impulsadas por el gobierno estadounidense, especialmente aquellas que derivaron en deportaciones masivas hacia el sur de México. En ese contexto, incluso se realizó la quema de una piñata alusiva al expresidente Donald Trump.
El sacerdote Heyman Vázquez Medina, párroco de San Andrés Apóstol en Hidalgo, sostuvo que acompañar a los migrantes en su recorrido implica atravesar un verdadero «viacrucis» marcado por el sufrimiento. En sus palabras, denunció la falta de compromiso de las autoridades y la vulnerabilidad en la que quedan expuestas estas personas: «No hay un interés en el buen trato a los migrantes. Cuando hay oportunidad de robarles o extorsionarlos, lo hacen».
La revista SoyMigrante explica que el Vía Crucis tradicional tiene sus raíces en el siglo IV y consiste en la conmemoración del camino de Jesús hacia la crucifixión. Esta práctica está compuesta por 14 estaciones que representan distintos momentos de la Pasión, a las que se suma una número 15, la Resurrección, incorporada en 1991.
En su adaptación contemporánea, el Vía Crucis Migrante toma esta estructura para reinterpretar cada estación a la luz de la experiencia de quienes cruzaron fronteras. Diversas órdenes religiosas, en especial los Misioneros de San Carlos Scalabrini, impulsaron esta forma de oración como un acto de solidaridad con quienes sufren desplazamientos forzados, persecución o pobreza extrema.
De acuerdo con SoyMigrante, cada estación del Vía Crucis adquiere un significado particular cuando se la relaciona con el fenómeno migratorio.
