Los países de la Unión Europea ajustaron sus relojes este domingo para aprovechar mejor la luz solar. La medida, que se aplica cada último domingo de marzo, tiene impacto en las rutinas y el consumo energético.
Este domingo 29 de marzo, los países de la Unión Europea ajustaron sus relojes para dar paso al horario de verano. La medida, que se aplica de forma simultánea y obligatoria según el calendario oficial, se repite el último domingo de marzo en toda la región.
El cambio se realizó durante la madrugada del sábado 28 al domingo 29 de marzo. A las 2:00, los relojes se adelantaron directamente a las 3:00, por lo que ese día tuvo solo 23 horas. El objetivo principal de esta modificación es aprovechar mejor la luz solar en primavera y verano, sumando más horas de luz por la tarde para, en teoría, reducir el uso de iluminación artificial y el consumo de energía.
En la práctica, la mayoría de los dispositivos digitales actualizan la hora de forma automática, mientras que los relojes analógicos deben ajustarse manualmente. Este cambio no solo modifica los relojes, sino que también impacta en la rutina diaria. Los horarios laborales, escolares, comerciales y de transporte se ajustan a este nuevo esquema, lo que puede generar desajustes en las actividades cotidianas durante los primeros días.
A nivel físico, el cuerpo necesita un tiempo para adaptarse. Especialistas señalan que este proceso puede demorar hasta cinco días, ya que la pérdida de una hora de sueño altera el ritmo circadiano. Como consecuencia, es común sentir cansancio, dificultad para concentrarse o cambios en el estado de ánimo hasta que el organismo logra sincronizarse nuevamente.
Tras la adopción del horario de verano en marzo, el próximo ajuste será el regreso al horario de invierno. Está previsto para la madrugada del domingo 25 de octubre, cuando los relojes se retrasarán una hora.
A pesar de que se repite cada año, el cambio de hora sigue generando debate. Hay quienes cuestionan su efectividad real en el ahorro energético y advierten sobre sus efectos en la salud y el descanso. En este contexto, el Gobierno de Pedro Sánchez en España propuso que 2026 sea el último año con cambios de hora estacionales. La iniciativa busca abrir el debate a nivel europeo, ya que la normativa depende de la Comisión Europea y se aplica de forma conjunta en todos los países miembros.
