El diario La Nación publicó una nota del economista cercano al Gobierno, Juan Carlos de Pablo, en la que se sugiere a los trabajadores de Fate que acepten el cierre de la empresa, cobren las indemnizaciones, dosifiquen gastos y aprovechen la circunstancia para generar «mejores emprendimientos». Un consejo que se mantuvo destacado en la portada del diario durante más de 24 horas y que se plantea como una forma de «ayudar» a quienes, de un día para el otro, se encontraron con un cartel en la puerta de la empresa diciendo que se quedaban sin empleo.
En un momento crítico para la economía y el empleo, el ejemplo de Fate puede convertirse en una referencia para muchos otros trabajadores que atraviesan situaciones parecidas: así lo demuestran los trabajadores de Aires del Sur, en Tierra del Fuego, que ante el cierre de la empresa votaron la toma de la planta por tiempo indeterminado.
Por ese motivo, la recomendación de De Pablo y la decisión editorial del medio no son ingenuas ni casuales. Tienen una intención clara: poner en marcha una creencia absoluta e incuestionable. La única salida posible sería aceptar el cierre como un hecho consumado y buscar otro camino; cualquier reclamo o intento de resistencia se presenta como una pérdida de tiempo e incluso como algo perjudicial para las familias obreras. En esta nota intentaremos desarmar el paso a paso de esa construcción de sentido.
- 1. El titular en forma de consejo
Toda operación necesita una puerta de entrada. Acá no hay ataque frontal a los trabajadores ni una defensa cerrada de la empresa ni de su dueño, el multimillonario Madanes Quintanilla. No es un editorial furioso ni se presenta como un posicionamiento político: todo lo contrario, despolitiza el conflicto y pasa a dar una recomendación sobre cómo reorganizar la vida ante un hecho que plantea como irreversible.
- 2. El encuadre: la aceptación y el «desafío»
El autor de la columna asume un lugar de supuesta neutralidad y como un simple consejero ante una situación que califica como ingrata. «Cobren la indemnización, dosifiquen los gastos y busquen otros trabajos», dice y refuerza: «Si ajusta sus gastos a dos tercios puede vivir un par de años y medio. Además de lo cual recomiendo salir a buscar trabajo, como asalariado, cuentapropista, o lo que sea».
El tono parece amable, buscando ponerse del lado de los despedidos y recomendando «que cada uno focalice la atención y la acción, lo cual implica no distraerse con afirmaciones que no ayudan a la toma de decisiones. Ejemplos: resistamos, metiendo presión, para que Fate vuelva a operar». Ademas, dice que no descarta «que para algunos el cierre de Fate termine generando mejores emprendimientos».
- 3. Borrar la responsabilidad patronal y desplazar el foco hacia lo individual
El «consejo» llega ante una situación concreta: uno de los 12 empresarios más ricos de la Argentina decidió cerrar la emblemática fábrica de neumáticos sin previo aviso y sin demostrar crisis alguna. Un cierre ilegal que pasa por arriba de los derechos laborales, abriendo un conflicto político. Es decir, un conflicto colectivo y no individual. Sin embargo, la nota cambia el eje por completo y el foco no apunta ni a la responsabilidad empresaria ni a la responsabilidad estatal, sino a los propios trabajadores: administren bien el dinero, adáptense, reinvéntense.
El conflicto colectivo se convierte en un «desafío ocupacional» personal. Lo que afecta a 920 familias deja de presentarse como resultado de decisiones económicas y políticas, y pasa a leerse como una circunstancia que cada individuo debe gestionar.
- 4. Naturalizar la salida y desactivar el conflicto
Si la salida es individual, la protesta es inútil. La política desaparece sin necesidad de ser discutida. No se la niega, simplemente se la omite. El cierre deja de ser un problema industrial y se transforma en una prueba de carácter. No hay análisis de por qué cerró la empresa, ni de qué efectos puede tener en las familias afectadas y en la zona, en los comercios del barrio, en la vida que existe alrededor de un gigante como Fate y que se ve en el enorme apoyo solidario y popular que viene rodeando a la fábrica en estos días.
«La decisión de cerrar una empresa es suficientemente grave como para pensar que su presidente está meramente pulseando», asegura De Pablo. No hace falta cuestionar el procedimiento, el solo hecho del cierre es muestra suficiente de la crítica e irreversible situación y hay que adaptarse a eso. En todo caso, «si en otras manos vuelve a funcionar, ¿qué inconveniente hay en volver a la fábrica?».
De manual
El manual de la construcción de sentido de los grandes medios y los amigos del Gobierno frente a conflictos como el de Fate opera sin descanso. Buscan convencer a los trabajadores, y a la enorme cantidad de gente que apoya su lucha, que están perdiendo el tiempo y perjudicando a sus familias. Así funciona el procedimiento: se individualiza el conflicto, se diluyen responsabilidades y se presenta la resignación como la opción más sensata.
El mecanismo no es nuevo. Mientras el conflicto se vuelve una cuestión de actitud individual, la responsabilidad estructural queda fuera de cuadro. El objetivo no es informar ni aconsejar, sino enseñar a agachar la cabeza y aceptar. Sin embargo, con su lucha, los trabajadores de Fate y quienes los acompañan codo a codo vienen mostrando que hay otro camino. Este viernes, el corte en el Obelisco volvió a poner en agenda el reclamo contra el cierre y contra la reforma laboral en los medios de comunicación. Y también dejó en evidencia que, pese a los consejos no pedidos de De Pablo y del diario La Nación, la solidaridad y el apoyo avanzan frente a la resignación.
