Incluso antes de que culmine la sesión en el Senado, dando por hecho el rechazo a los pliegos de Ariel Lijo y Manuel García Mansilla, en el Gobierno empezaron a delinear la hoja de ruta en el vínculo con la Corte Suprema de Justicia y en la estrategia judicial.
Así, mientras aseguran que “no hay un plan B” con nombres para reemplazar los pliegos enviados el año pasado por Javier Milei, en la Casa Rosada buscar bajar el nivel de confrontación con el máximo tribunal y proyectan una “nueva etapa”, con la convicción de que García Mansilla seguirá como integrante designado en comisión por decreto “al menos hasta el 30 de noviembre” y eso asegurará una composición “más equilibrada”.
Sin autocrítica por no haber abierto una negociación concreta para elegir nombres con mayor consenso ó incluso la ampliación de la Corte, para los funcionarios más cercanos a Milei, el rechazo de los pliegos se enmarca en “un plan de la oposición de querer desestabilizar al Gobierno”.
Reconocen cierta resignación por la fragilidad numérica en la Cámara alta y afirman que distintos bloques solo buscan “hacerle daño a la gestión, sin plantear una nueva crítica concreta a los candidatos”. La referencia parece aludir al súbito impulso que la bancada kirchnerista le dio al trámite de los pliegos luego de mantenerse expectante de una negociación durante varios meses, en los que incluso llegaron a plantear, como hizo el jefe de bloque José Mayans, que el Gobierno retirara un pliego y fuera reemplazado por una propuesta por el kirchnerismo.
Ante este escenario de hostilidad, importantes fuentes oficiales precisaron a Clarín que “no hay un plan B” para contrarrestar la jugada opositora, en especial porque García Mansilla ya integra la Corte y porque Lijo, que se niega a renunciar a sus funciones en los tribunales de Comodoro Py, puede tener otra chance con una nueva composición parlamentaria, a partir del recambio legislativo que se producirá el 10 de diciembre. “Vamos a arrasar en la elección y sumaremos un bloque que nos va a permitir avanzar con nuestros candidatos”, explican.
«Hay que admitir nuestra fragilidad parlamentaria, no tiene sentido ir con un plan B por Lijo. Si se mantienen en querer desestabilizar al Gobierno, no importa el nombre que propongamos», enfatizó a Clarín uno de los funcionarios que está en la mesa política.
Para los estrategas oficiales, la oposición “siempre fue corriendo el arco” para negarse a tratar “seriamente los pliegos”. «Nos tuvieron de rehén a los candidatos durante un año y medio, una vergüenza», sentenciaron.
En el corazón del “triángulo de hierro” de Milei no hay autocrítica sobre las postulaciones del juez federal y de García Mansilla, ni tampoco sobre cómo se afrontó el diálogo con los espacios opositores. “(Los candidatos) Demostraron su idoneidad y nunca hubo cuestionamientos que justifiquen su rechazo”, insistieron desde el oficialismo.
Pero el malestar de los libertarios no se enmarca solamente en la arremetida K de voltear las candidaturas, impulsando la sesión y reuniendo el número, sino que los cañones apuntan contra varios sectores dialoguistas, que -consideran en Balcarce 50- zigzaguearon en su posición a lo largo del último año.
«Hubo senadores dialoguistas que nos decían que estaban de acuerdo con los candidatos pero fueron unos cobardes y nos pidieron bajar los pliegos», cuestionaron desde el Ejecutivo.
En ese sentido, tambien hubo críticas al presidente del bloque radical, Eduardo Vischi, quien este martes visitó la Casa Rosada y mantuvo un encuentro con el asesor Santiago Caputo y el secretario de Justicia, Sebastián Amerio, lo que inicialmente fue interpretado como un acercamiento pero que en realidad terminó redundando en una reunión tensa.
Frente a este contexto adverso, en el Gobierno no manifiestan malestar con la posición de Lijo de no asumir en el alto tribunal por decreto, renunciando a sus juzgados. En cuanto al caso de García Mansilla, sostienen que, si se consuma el rechazo legislativo, “su designación es constitucional por lo que tiene que seguir”.
“No hay debate jurídico real que ponga en juego el puesto de Mansilla en la Corte”, repiten en los despachos cercanos al del Presidente, consultados sobre las impugnaciones -incluida la que tiene el juez Alejo Ramos Padilla- al catedrático.
Ante la necesidad de dar vuelta la página, y con una Corte de cuatro integrantes, en el Gobierno apuestan al buen vínculo con Ricardo Lorenzetti y García Mansilla y a “dejar atrás” las fricciones con Horacio Rosatti y Carlos Rosenkrantz para intentar relanzar el diálogo institucional.
“Nunca quisimos tener una Corte adicta, buscamos que sea de excelencia y apostamos a tener una relación buena y sin interponernos”, aseguraron.
En esa línea, marcan que la decisión de García Mansilla de no avalar la llegada de Lijo a la Corte, al rechazar su pedido de licencia es ejemplo de que Milei no pretende una mayoría automática como operó durante el menemismo.
Igual, descreen que esa votación represente que el Gobierno tenga tres ministros de la Corte en contra a partir de ahora y recuerdan el fallo de abril del 2024 a favor del mega DNU, entre otras presentaciones formuladas por la oposición que fueron desestimadas por la Corte.